Caídas y golpes en la infancia – MentEmoción

2ª parte del post sobre las caídas y los golpes durante la infancia en la que abordaré cómo hablarles y qué decirles de manera que lo vivan como una experiencia más de la que aprender para el futuro, sin sentirse que les juzgamos, o ignoramos o reprobamos.

Porque lo hacemos… es muy curioso ver cómo en estas caídas en las que se hacen daño y nos necesitan especialmente, somos capaces de hundirles más aún con nuestra crítica: “Te lo dije”, “Ahora no llores, te avisé”, “No estabas mirando hacia adelante!”, “¿No te funcionaron los ojos en la nuca?”, “¡Pero qué torpe!”, “¡No fue para tanto!”, “¡Si no fue nada!”, “arriba, valiente” y un largo etc.

Todo el mundo sabe que aprendemos por ensayo y error, sobretodo mientras el cerebro racional no se ha desarrollado del todo (más o menos hasta la adolescencia) y no somos capaces de proyectar y prevenir.
Y a la vez, criticamos y marcamos cada uno de los errores que hacen. Nos decimos que es para que aprendan más rápido, a nosotr@s nos enseñaron así, y lo aprendimos… Y en realidad, lo que hacemos, es hacerles sentirse peor, hacer que crezcan con inseguridad, con miedo a ser juzgad@s, dependientes de nuestra opinión y de las consecuencias…

Desde la crianza positiva, vamos a potenciar las caídas y los golpes, los errores, como una parte más del aprendizaje y de la vida, una parte muy importante, porque es verdad que aprendemos mucho más de lo que no nos sale bien y a la primera.

Para empezar, nos acercaremos manteniendo la calma, sobretodo cuando son peques, pero también cuando son más mayores, y no tenemos costumbre de hacerlo de esta manera. Así no tendremos que levantar la voz, y podemos ofrecerles nuestro cuerpo como protección y apoyo. Es la parte de comunicación no verbal. Nos agachamos y les ofrecemos nuestra mano preguntando si les ayudamos a levantarse. Esta actitud marca una gran diferencia: si les levantamos directamente después de las caídas, aunque no queramos y sin necesidad de decirlo en voz alta, les estamos explicando que ell@s sol@s no saben o no pueden hacerlo.

El siguiente paso, y mientras les dejamos llorar, sería explicar/describir lo que ha pasado y las emociones que puedan estar sintiendo. Cuando decimos “¡no pasó nada!” estamos hablando desde nuestra visión adultocéntrica: queremos quitarle importancia para que no se les haga un mundo y no les marque demasiado. Pero con esta actitud conseguimos justo lo contrario de lo que pretendemos, porque para ell@s han pasado muchísimas cosas y están sintiendo otras tantas que puede que desconocieran hasta ese momento.
Para evitarlo, vamos a describir lo que vimos (y si no lo vimos, pasamos directamente o cómo se puede estar sintiendo, validando así la emoción, y normalizando su estado): “¡Ibas tan concentrada corriendo detrás de la paloma que no viste la piedra!!¡ ¡Vaya sorpresa al tropezar y caer! Debe de dolerte mucho esa rodilla…” En general, el llanto y los gritos suelen bajar de intensidad cuando les hablamos así.
Nombrar la sorpresa, el susto que se puedan haber llevado, el miedo que eso les pueda dar, quizás vergüenza o sentimiento de ser tont@… cada persona siente cosas diferentes ante una misma situación, y de cara a la educación emocional que les queremos dar, es importante ir nombrando todas esas posibles emociones para que aprendan a reconocerlas, sentirlas y dejarlas ir luego para seguir con la vida y sus experiencias.
Cuando son mayores, son capaces de explicarnos lo que ha pasado. Entonces debemos escucharles todo lo que tengan que decir, nos explicarán, intentarán quitarse ‘la culpa’, para poder aceptarlo mejor. “ajá, ya veo, ostras…” son expresiones que le invitan a seguir hablando en libertad. Mordernos la lengua para no explicarle cómo lo tendrían que haber hecho para evitar las caídas, o que tienen que prestar más atención, por ejemplo, es esencial para se sientan en confianza de venir siempre a contarnos lo que les pasa.

Probablemente estén pegadit@s a tu cuerpo, sintiendo el calor y el amor incondicional que les queremos aportar y que es una necesidad básica en estas situaciones. Ahora es el momento de ofrecerles ocuparse de sus heridas físicas: la teta es siempre una gran ayuda, si aún maman; además de limpiar con agua si se han raspado y luego quizás ponerle algún remedio natural y eficaz como los que ya expliqué en la primera parte del post (clickea aquí).

Es importante darles todo el tiempo que necesiten para recuperarse. Dejarles llorar en vez de cortales el llanto es vital para sacar todo el exceso de emociones y la sensación de dolor. Nos enseñaron que siempre era mejor esconderlo (¡los niños no lloran!, ¡venga valiente!, ¡Mira como te miran tod@s!, ¡Se pensarán que eres una niña chica! etc etc etc) pero ahora sabemos que no, que es mejor vivirlo al 100% para que luego pueda marchar y podamos seguir con nuestra vida. Adult@s, tenemos tendencia a identificarnos con ciertos rasgos de carácter, con ciertas emociones, porque desde pequeñ@s nos etiquetaron: es tímida, vaya torbellino, qué petardo, qué presumida, abusador, llorica, miedos@… impidiéndonos así vivir las emociones de manera sana.

A veces, y según la experiencia hasta ese momento, algun@s niñ@s se quedan estancad@s en esa emoción negativa, no consiguen dejar de llorar, a pesar del acompañamiento que les damos. Entonces es importante desviar la atención para sacarles de esa espiral, pero recuerda, una vez que se les ha permitido llorar y expresar, explicar lo que pasó, después de haber nombrado la emoción, que la hemos validado y normalizado.
Entonces podemos proponerles volver a la actividad en la que estaban u otra que sabemos que les gusta, les podemos mostrar un pajarito que pasa, un ruido especial, un perro que se acerca…

Un último punto, y este para nosotr@s: muchas veces, cuando vemos según qué caídas, tenemos mucho miedo. Ese miedo, una vez que vemos aliviad@s que no ha sido grave, se convierte en un gran enfado y solemos reñirles. Quiero que te des cuenta de que ha sido tu miedo, tu experiencia, tu proyección hacia lo que podría haber pasado y no pasó lo que provoca ese enfado y esa rabia, y en ningún caso, la actitud o el comportamiento que haya tenido tu hij@. No se lo hagas pagar. Reñirles, gritarles o castigarles es sólo una manera no sana de hacer que esa emoción salga de nosotr@s.
Si te pasa mucho, es tu deber educarte a ti mism@ en emociones. Durante la infancia aprendemos más de lo que vemos, que de lo que nos intentan enseñar con palabras. Somos su ejemplo, así que si queremos educar con el ejemplo, eduquémosnos en inteligencia emocional. La sociedad entera saldrá ganando, no sólo tu hij@, tu familia, tu entorno amical y profesional.

#EducaciónPositiva y #EducaciónEmocional son claves para un cambio en este mundo, un cambio a mejor de esta sociedad, para que nuestros niños y niñas crezcan con seguridad, confianza, autoestima y empatía.

#CuerpoMenteyEmocion acompaña a las familias de forma integral. Infórmate. #Salud y #Felicidad.